CANATUR y la urgencia por el ministerio

Vamos, el suplemento de viajes de El Comercio, ha presentado una entrevista a Carlos Canales, otra vez presidente de CANATUR. El flamante presidente, indiscutiblemente uno de los líderes más notables del turismo en Perú, ha hablado sobre la aspiración gremial de crear un Ministerio de Turismo y Artesanía.

Dos temas han revelado la urgencia de CANATUR para la creación de un ente rector del turismo. El primero en relación a la necesidad de una política turística que comporte planes de ordenamiento territorial, un inventario turístico y una jerarquización de las obras para priorizar las inversiones.

La preocupación del gremio de gremios sobre estos puntos suscita muchos cuestionamientos. ¿No se están haciendo inventarios con las debidas actualizaciones? ¿Son meras ficciones las Oficinas de Programación e Inversiones de Turismo? ¿No hay acaso un PENTUR, con lineamientos de acción y mecanismos de control para los mismos? ¿O, quizá, a lo mejor, hay mezquindad para con los progresos actuales? Cierto es que urge un plan de ordenamiento territorial eficaz, que atienda a la realidad geográfica y social de cada localidad, lo que, más que a ninguna otra instancia estatal, compete a las municipalidades.

Desde luego, las municipalidades no pueden trabajar de una manera unilateral en turismo. La sinergia que propone las nuevas modalidades del turismo —vivenciales, con acento en la experiencia auténtica— es la del binomio municipalidad-universidad. La universidad, antes que un negocio, es una institución humanista que forma personas que contribuyan al progreso de la sociedad. En efecto, por su inherente motivación social, la municipalidad debería, como las empresas modernas, ser uno de los mejores espacios para la realización profesional de gente que quiere aportar. Pero, lo sabemos, es una amarga verdad que por razones políticas (más bien, partidistas) esto no sea así.

Otro tema que se abordó en la entrevista, y que es la consigna de CANATUR, ha sido el de la promoción de la inversión privada orientada al sector hotelero y de entretenimiento, que busca consolidar una atractiva oferta turística para el visitante nacional y foráneo.

En turismo, qué duda cabe, las inversiones en infraestructura son positivas. Sería un disparate afirmar que el turismo está reñido con la inversión privada, tan necesaria para el desarrollo turístico de un país que busca ser uno de los más visitados del mundo. Lo que se somete a crítica es el afán desmedido de protagonismo, ya casi omnipotente, de ciertos personajes (siempre los de un reducido grupo) que ven, al parecer, la oportunidad de sus vidas en un cargo que les otorgue facultades de poder cuyos alcances no sospechan.

Crear un Ministerio de Turismo y Artesanía no garantiza, todavía, que el Perú dé el gran salto al éxito turístico. Porque ¿quién puede asegurar que esa posible entidad estatal no sea nicho de empresarios oportunistas, de truhanes recomendados, de “inversionistas amigos”? El cuadro sucede con frecuencia ¿no es verdad? Y hay más riesgos cuando la mentalidad comercial se antepone a la proyección social, que es y debe ser la mayor motivación del equipo humano que conforma las entidades públicas.

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