No se culpe a nadie

Un lunes de marzo del 2010.  Bajo del colectivo en la cuadra quince de la Arequipa. Tengo una entrevista de trabajo, luego de dos meses de estar en nada, esa nada que a los 23 años es todo angustia y ansiedad y más si eres un reciente egresado universitario. Es para telemárketing. No es la gran cosa, lo sé, pero se supone que es mejor que estar en tu casa escribiendo textos para una editora que paga una miseria, y es mejor sobre todo para sosegar en parte la preocupación de tus padres que cada domingo te dejan en el comedor, desde temprano, el APTITUS de El Comercio.

Soy puntual. He llegado a tiempo. El salón al que ingreso ya cuenta con algunos postulantes. Caras jóvenes en su mayoría, aunque nunca falta el cuarentón con ganas de reivindicarse de una juventud sensual y nula. Al cabo de unos minutos, ingresa el psicólogo que, muy profesional, hace una breve reseña de la empresa (que es la plataforma de ventas de Telefónica) e indica los horarios de trabajo (8 horas de lunes a sábado). No menciona siquiera algo de la remuneración.

Nos entrega a todos un formulario para llenar. Son dos hojas que registran la información del currículum que enviaste vía mail y que, por si acaso, tienes a la mano. Terminada esa tarea, el psicólogo (tiene que ser siempre un psicólogo) anuncia que es preciso que cada uno se presente ante el salón. Créanme que soy un canchero en eso. Lo he hecho tantas veces que he podido corregir algunas cosas, aunque creo que lo que realmente he aprendido es mentir sin sentimiento de culpa, sin mucho roche.

Así lo hago, sin titubear, sin olvidar lo importante: que estoy aquí porque me parece interesante la propuesta laboral de la empresa, y creo que reúno las cualidades para el puesto, y además quiero aprender y aportar, haciendo línea de carrera. De esta, y no de otra manera, saldrán airosos en esa fase preliminar de selección de personal.

Que no sorprenda, pues, que me dieran cita cuatros horas más tarde para la entrevista directa con Recursos Humanos. Fácil ¿no? Bueno, ésa es otra historia. (La capacitación me aburrió a mares. “No es lo mío”, pensaba. “Pucha, ¿en qué estarán los otros?”) Lo que sí fue digno de sorpresa es que de los 40 postulantes que estábamos en el salón, 30 o 35 eran estudiantes o egresados de turismo. La mayoría eran representantes de la San Martín. ¿De la San Martín? Sí, de la reputadísima escuela de Turismo y Hotelería de la San Martín, la mejor del país según la estadística y la vanidad de muchos.

No tengo el número exacto de egresados universitarios de turismo en Perú. Estimo que, a ojo de buen cubero, está por encima de los 30 mil. El mercado laboral en el sector turístico es amplio y representa una oportunidad para muchos jóvenes, incluso para los que no han estudiado turismo. Esto último quizá explique la falta de una plaza laboral dentro del sector para un egresado. Por ejemplo, en una agencia minorista, o eres Promotor de ventas (actitud positiva, sonrisa de anfitrión y paciencia) o eres Counter (para lo cual precisas contar con estudios de Sabre o Amadeus). El hombre pragmático, que es paradigma de nuestros tiempos, se pregunta: ¿será necesario estudiar cinco años en la universidad para trabajar en una agencia de viajes?

En lo tocante al rubro hotelero podría formularse una pregunta análoga, ya que la experiencia laboral es un factor que se valora mucho a la hora de contratar personal. Experiencia laboral que siempre tiene una ventaja sobre los estudios realizados. O sea, en términos prácticos, una señora que tiene 5 años trabajando en Housekepping es más útil y rentable para el hotel que un joven egresado que todavía ni conoce el amor.

Por supuesto, lo sabemos, el turismo es una carrera polifacética, que no se reduce a lo que pueden ofrecer solo las agencias de viaje y los hoteles, y sabemos también que estos no son los tiempos del eterno empleado que contento pasa por caja cada fin de mes. “Hay que hacer empresa”, recomienda un emprendedor. Concebir un plan de mercadeo, buscar a los socios, recurrir al banco, ir a la SUNARP, privarse de los gustos, esperar que la inversión rinda sus frutos. Habrá que hacerlo. No se culpe a nadie.

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2 Responses to No se culpe a nadie

  1. Andrea Villalba says:

    Es cierto, debemos crear nuestro propio empleo. Despues de ir a muchas entrevistas, y salir con la misma sensacion , solo me queda ser perseverante!!y buscar una plaza en este mar tan llenos de peces!.
    Saludos mi buen amigo!
    Andrea

  2. Ysrael says:

    tengo tantas cosas q comentar q mejor no digo nada. Igual te felicito x la nota. Fuerzas y Exitos querido Renzo !!!

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