El ‘negocio del turismo’

Decir que el turismo no es un negocio, puede resultar un disparate. El turismo es, entre otras cosas, una actividad comercial que mueve grandes cifras de inversión y que genera la dinámica, siempre saludable, de compra y venta de productos y servicios. Si tenemos en consideración que el turismo ha sido uno de los seis sectores de mejor desempeño en Perú durante el 2010, año que reporta el arribo de dos millones 249, 000 viajeros extranjeros, lo que traducido en cifras alcanzará los 1,480 millones de dólares, según PromPerú, es innegable su aporte a la economía peruana.

Otra señal bastante elocuente del turismo como actividad comercial en Perú es que, para este año, se destinará 475,4 millones de dólares a la edificación de 42 hoteles y hospedajes, lo que con relación al año 2010 evidencia un incremento de 324,5 %, según la Sociedad de Hoteles del Perú (SHP).

Pero no sólo el sector hotelero promete mucho para nuestro país, sino también el de restaurantes. Gracias a eventos como Mistura, Lima es ya un destino gastronómico, tanto para locales como extranjeros. Cada vez hay más restaurantes con variada oferta gastronómica y para todos los públicos. Además de las revistas, secciones de diarios y web sites que se ocupan del tema gastronómico, son numerosos también los encuentros académicos y programas de televisión dedicados a la exposición de nuestra cocina.

Sin embargo, así como estimula la inversión y el crecimiento de nuevos mercados, el turismo puede ocasionar graves daños a la cultura y la naturaleza, casi siempre a causa de las malas prácticas de los operadores turísticos. La estrechez mental, la falta de conciencia turística, la ausencia de criterios de gestión, la ansiedad monetaria… son sólo algunas de tantas razones por las cuales muchos operadores merecen el desprecio unánime del sector de viajes.

Una advertencia es, pues, imprescindible: la faceta comercial, cuando es sobrevalorada, constituye  un peligro en turismo, aunque éste se desarrolle en una sociedad de sesgo neoliberal. El ‘negocio del turismo’ es perjudicial, aunque se le inyecten inversiones para crear una pujante planta hotelera y consolidar un atractivo de exportación como la gastronomía.

En tal contexto, es necesario recordarle algo muy importante al empresariado: El empresario moderno, si lo es de verdad, no dejará de lado la gestión de calidad; respetará la cultura y medio ambiente del lugar donde asiente su organización; y reservará un espacio en su agenda para la Responsabilidad Social, que, siempre es necesario decirlo, no es sinónimo de caridad, sino que obedece a una conciencia ética de justicia que se traduce en la inclusión laboral de los naturales del lugar, que da pie a una preocupación real por sus condiciones de vida, además de fomentar y practicar la cooperación. Estos temas serán tan esenciales como el marketing o el margen de utilidades en una empresa moderna.

 

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