PUBLICIDAD ENGAÑOSA EN TURISMO

Para nadie es un secreto que el turismo, en el ámbito de su práctica, adopta diferentes nombres. Los de mayor resonancia en Perú suelen ser: turismo verde, turismo rural comunitario, turismo cultural, ecoturismo, agroturismo, entre otros. Estos nombres, si bien responden a clasificaciones verídicas —resultado del análisis de la actividad turística que se desarrolla en un contexto determinado y de las motivaciones que la suscitan—, son abusivamente manipulados en función de intereses comerciales que prevalecen, casi siempre, sobre las necesidades y deseos reales del visitante, lo cual implica una distorsión del contenido de cada tipología. Así, al mismo tiempo que se desestiman los esfuerzos de la investigación de mercado, se banaliza grotescamente la teoría del turismo.

Aunque la información existe y proviene de fuentes confiables (como la OMT), cabe formularse preguntas como las siguientes: ¿la oferta de los tour operadores se ciñe a las características de cada modalidad?, ¿entenderán ellos cabalmente los límites del turismo rural comunitario en aras de no corromper la identidad cultural de la comunidad campesina en que se aplica?, ¿estarán enterados de que el ecoturismo tiene marcadas diferencias con el turismo de naturaleza?, ¿sabrán en qué consiste la oferta del agroturismo?

Mi impresión es que una gran mayoría de ellos apenas posee ciertas nociones elementales de lo que ofrece al turista. Y hay conciencia de esa limitación, pero la presión laboral del día a día y la férrea lucha con la competencia los conduce a una promoción facilista y, a veces, tramposa, pues crean expectativas reñidas con la futura experiencia de viaje. El resultado es la insatisfacción del visitante y, seguramente, su negativo comentario a otros interesados en visitar tal o cual destino ofertado. El tour operador, claro está, pierde la oportunidad de ver crecer su cuota de mercado.

Antes que buscar preciosistas etiquetas comerciales, el sector empresarial turístico debe tomar muy en serio sus labores de marketing y ser coherente con lo que ofrece. Además, si asume una tipología de turismo sustentable (como el ecoturismo), es su obligación moral reconocer los problemas que causan sus operaciones, sobre todo en los espacios naturales. Y, por supuesto, pensar en medidas y acciones que al menos minimicen en parte los inevitables efectos negativos del turismo. Podrían, por ejemplo, tener en cuenta la recuperación de áreas verdes, la capacitación de actores locales en temas ambientales, la adopción de códigos de conducta y la aplicación de tecnologías amigables con el medio ambiente. Esto sería compatible con la sustentabilidad, y la imagen de la empresa sería beneficiada.

El verdadero profesional, amén de su preocupación por la rentabilidad, tiene siempre plena conciencia de sus responsabilidades ambientales y sociales.

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