ANTITURISMO: Algunas propuestas de solución

¿Qué es el antiturismo? Podríamos definirlo como la actitud negativa de los actores involucrados en el sistema turístico. Es decir: el antiturismo tiene lugar cuando visitantes, empresarios, autoridades y pobladores, con sus decisiones y acciones,  producen efectos contrarios a los esperados del turismo. Así, la idea del turismo como medio para generar beneficios económicos, sociales y medioambientales no tendría asidero en la realidad: ésta demostraría la cara perversa y destructiva de aquél.

La explotación sexual de menores, el deterioro del patrimonio cultural, los conflictos por las tierras, la falta de seguridad, el regateo en contextos de pobreza, la contaminación ambiental, el alza de los precios de algunos servicios locales, la publicidad engañosa, los proyectos sin estudios de impacto ambiental, la deformación de la identidad cultural, la informalidad en las prestaciones… son sólo algunas de las expresiones del antiturismo que dan una idea clara de los precarios niveles de legalidad, profesionalismo y sentido común en nuestro medio.

El antiturismo minimiza, y a veces hasta anula, los beneficios que pueden  traer consigo la gestión y el desarrollo de actividades turísticas para una región.  Esto se explica, sin duda, en la falta de conciencia turística.  Pero, en realidad, decir esto no aporta nada nuevo a la solución del problema. De hecho, existen ONGs y entidades públicas que realizan campañas con cierta frecuencia. Algunas universidades también organizan certámenes con fines de concientización, aunque casi siempre dentro de sus sedes y con miras exclusivamente pedagógicas, mas no con lineamientos sociales que se puedan medir en la vida cotidiana.  A pesar de estos esfuerzos, la realidad es abrumadora en ofrecer evidencias que niegan el turismo como motor de progreso únicamente.

A mi modo de ver, el problema radica en que no hay interés por parte de los profesionales del turismo en difundir información sobre las implicancias del movimiento de personas por razones de ocio, ya sea a través de investigaciones publicadas o de talleres participativos en la sociedad civil. Lo que sí hay, y en abundancia, son maquinas utilitarias, personas educadas en una sola idea fija: lucrar por medio del turismo. No es extraño por eso que muchos especialistas de otros ámbitos del conocimiento perciban el turismo como una profesión desprovista de rigor académico.

En tal contexto, la aplicación de los principios del desarrollo sostenible adquiere carácter de urgencia. Ahora bien, ¿cómo llevar a la práctica el desarrollo sostenible para combatir el antiturismo? La acción clave es formular un plan de concientización turística,  que sea producto del trabajo conjunto y participativo de instituciones gubernamentales, empresarios y pobladores. Dicho plan reunirá, además de estrategias y medidas, una serie de metas para ver cuánto se avanzó realmente en un período con relación a otro. Sin metas no hay planificación seria.

Es ideal que las universidades aporten sus mejores cuadros en esa tarea. Así, su alcance social se tornaría verdadero (es lo que consiguen las facultades de medicina en sus campañas de consultoría y atención por los distritos). Las universidades apoyarían no sólo en el diseño del plan, sino también en la divulgación de sus objetivos. Todo ello precisa de una reforma en los programas curriculares. Me arriesgo a sugerir una: los viajes que realizan los alumnos con el propósito de conocer la oferta turística de su región, también deberían ser propicios para fomentar sus competencias de liderazgo y de asesoría en temas como el de la conciencia turística. Así, antes de salir al mercado laboral, estarían aportando al alcance de la sostenibilidad del turismo en el destino. Como efecto colateral, la universidad ganaría una opinión pública favorable.

La municipalidad, por ser poseedora de facultades legales y  base de directivas en su jurisdicción, es la instancia de gobierno más idónea en todo lo relativo a gestión del turismo, y por eso puede coadyuvar con creces al desarrollo sostenible, siempre que cuente con personal calificado y una oficina encargada de turismo. Como gestora de su destino, tiene la potestad de seleccionar su público objetivo y el tipo de operador turístico y hotelero que desea. Es ella la que debe poner las cartas sobre la mesa, tras haber atendido las demandas de su población en relación al turismo. El empresario, de acuerdo a su estudio de mercado, discernirá si conviene o no operar el destino en cuestión. Lo importante es que la municipalidad tenga claros sus objetivos de gestión sostenible. No hay lugar para negociar las condiciones de carácter sostenible. O el empresario se pliega a ellas o se le descarta.

El sector privado tiene como razón de ser la creación de riqueza. Ello está fuera de discusión. Es necesario que haya renta, inversiones, créditos, flujo de capitales y dinámica comercial. Y está bien que los programas curriculares de universidades e institutos superiores preparen a sus estudiantes para ser agentes productivos exitosos. El problema surge cuando el empresario asume una actividad económica como el turismo sin considerar que la rentabilidad que obtiene depende de los recursos que hacen posible las corrientes turísticas. Es ahí donde se justifica una crítica hacia su falta de criterios para el manejo racional de los recursos aprovechados con fines turísticos. Es más, no se exagera al afirmar que gran parte de los males inevitables que produce el turismo son responsabilidad de los empresarios y sus modos de operar en el destino. Erradicar al agente privado sin escrúpulos, depende, como lo hemos dicho, de las condiciones de la municipalidad y, claro está, de la currícula de los centros de estudios superiores.

Cuando el visitante es quien comete antiturismo, no puede escapar de una sanción severa. Los mecanismos legales tienen que funcionar de inmediato, más aún si se tratase de turistas pedófilos o de aquellos que laboran en redes de captación de menores para la prostitución y la pornografía. Dentro del marco de desarrollo sostenible, nunca se insistirá demasiado sobre la protección del ser humano.

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