Carta abierta a una joven estudiante de Turismo y Hotelería (I)

Entérate primero que las cartas no son mi mejor formato literario porque trato, cada día, de renunciar al rigor de los formalismos cuando escribo. Y tampoco las presentaciones o introducciones encuentran ya asidero frente a mi teclado. Llámale ‘cambio de estilo’ o simplemente ‘temeridad masculina’ de quien roza los treinta años. A unos les sucede cuando escriben, a otros al vestirse y no faltará el hombre que abandona todo, absolutamente todo, por vivir lo que su primera juventud no le dejó vivir. Condición humana, nada más.

Tampoco esperes de mi parte un discurso motivacional e inspirador sobre lo que debes hacer como estudiante. No, eso dejémoslo para las ceremonias de graduación o para el profesor con ínfulas de gurú que, casi siempre, intenta proyectar en sus alumnos lo que él no pudo ser. Te diré, solamente, que tu condición de estudiante es ya un status privilegiado en un país como el nuestro.

Me comentas en tu extenso email, y extenso no quiere decir abrumador, ni por asomo, que has asistido a dos de mis conferencias y que en ambas ocasiones no te convencieron algunas de mis afirmaciones que, en tus palabras, son ilógicas, inexactas, disparatadas. Te refieres, por ejemplo, a aquello de que “ninguna gestión pública salvará al turismo”, aseveración que sostengo en todas las oportunidades que diserto ante distintos públicos. Fíjate, yo pienso que la competitividad turística de un país no radica en lo que haga su ministerio o secretaría ad hoc, ni en lo que hagan con denuedo local las municipalidades. Si tuviéramos una visión más amplia de la dinámica económica y, sobre todo, de esta nueva economía global de la que tú y yo y tantas personas más en el mundo somos actores clave; si tendríamos claro que, dentro del entorno global, el turismo es siempre un producto aspiracional y su consumo masivo no depende tanto, como antes, de marcos legales o políticas en su favor, entonces buena parte de nuestros profesionales abandonaría ese culto ciego a la gestión pública, esa búsqueda inútil de paternidad gubernamental, ese afán, muy latinoamericano por cierto, de buscar el héroe en el gobierno de turno.

Es un tema de fondo, sabes, muy complejo por todas las aristas que emergen casi de manera espontánea al hablar sobre gestión pública en turismo, de la que también me ocupé desde una Gobernación Distrital en Arequipa, en calidad de Teniente Gobernador, hace ya un puñado de años. Es en aquel escenario donde te das cuenta que lo que  tus profesores pontifican desde su atril no calza con la realidad, por lo menos no con la realidad peruana. El exceso burocrático, el tarjetazo político, la galopante corrupción, la poca cultura de innovación y los grupúsculos ajenos al turismo allí, en los cargos y oficinas, donde deberían estar profesionales formados y con experiencia en turismo pero no están… son sólo algunas muestras que grafican fielmente los pobres niveles de la gestión pública en Perú. Esas son las barreras más poderosas contra nuestro despegue turístico. ¿Por qué? Porque son barreras de esencial cultural, fijaciones mentales y modus operandi reñidos con el cumplimiento de metas, paradigmas nocivos que tomará demasiado tiempo poder superarlos.

Por tanto, para que haya competitividad turística en el corto y mediano plazo haríamos bien en orientarnos más al sector privado, que está más provisto de sistemas de calidad, cultura de innovación y menos influenciado por la política. Te sugiero investigar el caso de Japón y de Estados Unidos y todas las marcas que sus empresas han podido distribuir y posicionar en el mundo entero. Seguramente sabes que  tu Starbucks y tu Pinkberry, tu Iphone y tu Mac llevan el sello yanqui. Son empresas cuyo modelo de negocio tiene como base la comprensión del ser humano de este nuevo siglo, conectado, informado, consciente y exigente porque la economía global y sus fuerzas tecnológicas-informáticas-telemáticas lo han llevado a ese nivel de evolución.

Es un nuevo consumidor, un nuevo mercado, un nuevo escenario competitivo que, visto fríamente, no repara en regulaciones ni en políticas que traben sus ímpetus globalizadores. Los países que no entiendan y acepten esta nueva dialéctica de la economía pagarán terriblemente su desidia. El sector turismo de Perú, sus profesionales y sus estudiantes, como tú, acusan miopía e insensatez al depositar esperanzas en entidades públicas que, debido a su cultura de gestión sin orientación a resultados, nunca nos elevarán a las ligas mayores del turismo mundial.

Por cierto, te invito a que me hables de un país próspero, con crecimiento y desarrollo económico, que no posea empresas competitivas o un clúster bien definido. ¿Podrás?

Esperaré tu pronta respuesta a este email para atender a tu segunda crítica.

En amistad,

Renzo Miranda.

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2 Responses to Carta abierta a una joven estudiante de Turismo y Hotelería (I)

  1. Saludos Tengo

    Leyendo tu carta identifico Muchas similitudes con el turismo de República Dominicana. El comportamiento público en ambos países es muy homogéneo.

    Un saludo

    • Renzo Miranda says:

      Es seguro que sí. Hay que cambiar, pronto, viejos paradigmas culturales de gestión en nuestros países hermanos. ¡Éxitos!

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