¿Quién hace antimarketing?

Es una bajeza sugerir que, quienes indagamos en otros ámbitos del conocimiento para enriquecer la praxis empresarial del turismo, nos dedicamos a vender humo. Que un profesional se exprese en tales términos sólo refleja, además de un ánimo belicoso, los precarios niveles de debate en nuestro sector, en donde parece que toda tentativa de innovación tiene que ser, burdamente, repudiada por supuestos abanderados del marketing, iluminados poseedores de verdades absolutas en cuanto a investigación de mercados y compra emocional (como si el turismo se tratase de factorías que producen andamios, losetas, ventiladores y uno APRENDE, pues, a repetir la compra de tales cosas).

La crítica proviene, precisamente, de aquellos colegas que forman parte de los grupúsculos allegados a los amigos funcionarios o ex funcionarios del MINCETUR, y que han sabido conquistar la gratitud oportunista de ciertos consultores y actores universitarios anclados en el siglo XX. Esos colegas ―que mientras me leen se reconocen íntegramente― son incapaces de comprender lo que no conocen, lo que no han leído ni estudiado ni aplicado; pero, eso sí, son muy aguzados para desestimar a quienes ven, acaso, como una amenaza. Y lo más lamentable es que para ejercer su amago de crítica lo hacen sin argumentos propios, con una mirada muy local, casi renegando de lo que sucede en el mundo globalizado.

Acerca de un próximo curso que organiza un colega, quien gusta mucho de criticar lo que no entiende, yo me pregunto, y sin atisbo de sorna, ¿qué me puede enseñar de marketing un señor cuya idea de innovación en turismo se reduce a limpiar las calles? ¿Qué me puede aportar a mi vida profesional alguien que ha trabajado en el MINCETUR sin legar resultados tangibles para el sector? ¿De qué me sirve escuchar el discurso estándar de esos profesionales que, con supina ignorancia, creen que la gestión pública asegura logros en turismo? Eso sí, los títulos, los años de experiencia y la trayectoria laboral de esos expositores se presentan como lo más respetable y sugestivo, lo non plus ultra del turismo en Perú, recordando el mal gusto de la publicidad local en su afán de captar clientes como sea necesario. Incluso se llega a la injuria comercial de ofrecer descuentos cuando lo que se pretende es dar el valioso CONOCIMIENTO de esos dignos ponentes con tan rutilantes carreras. ¿Antimarketing? No. A eso yo le llamo no saber aplicar marketing. Lección básica, y anota bien porque no me gusta repetir las cosas: tus 4Ps deben guardar coherencia entre ellas. Es simple dialéctica, lógica universal, sentido común.

Una conclusión es elocuente: en la vida hay quienes exploramos nuevos caminos con el propósito de aportar, pero, también, hay seres cuya estrechez mental sólo les alcanza para la crítica más ramplona.

Nos vemos en la Casona de San Marcos, colegas. Sí, nuevamente  😉

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