Las parejas y el turismo: el viaje como descubrimiento del ser amado, para bien o para mal.

¿Por qué viajan las parejas? Menuda pregunta que puede caer en la obviedad más pírrica. Porque queremos divertirnos, dicen, pasarla bien, conocer nuevos lugares, desconectarnos, estar más juntos… Nadie puede negar esto, pues resulta legítimo.

Sin embargo, siendo el amor el sentimiento más común y terrenal en la vida de las gentes es poco lo que se puede extraer de las mentadas respuestas. Tanto hombres como mujeres suelen ser víctimas de rigidez mental o estimulación lírica cuando de analizar el amor se trata, lo que no permite penetrar en los motivos reales de una pareja de cara al viaje.

Si se ve a fondo el amor en el contexto turístico, se puede desprender que todo viaje de pareja, amén del descubrimiento de paisajes y de la cultura local, es un descubrimiento del otro, del ser amado. Descubrir que mi pareja no cede en practicar puenting conmigo por causa de su miedo a las alturas. Descubrir que no es tan aseado como supuse. Descubrir que ella no tolera el contacto con los nativos. Descubrir que él es un hombre protector, que ella es una mujer empoderada para reclamar el cumplimiento de horarios y visitas del paquete turístico adquirido, pueden ser algunas de las situaciones vividas que reflejan lo que somos incapaces de expresar pero no de sentir, y esto puede afianzar el vínculo o deteriorarlo.

Viajar con tu pareja se trata de eso: descubrirse para afianzar o deteriorar su vínculo sentimental. Descubrir las facetas del otro. Luego de un viaje, regresamos más enamorados o totalmente decepcionados. Un viaje en pareja, sobre todo el primer viaje en pareja, marca un antes y un después en la relación de pareja. Se curan heridas, se aplacan las culpas o se intensifica la pasión y nuestra curiosidad por esa mujer u hombre que nos acompaña al Cañón del Colca o al Coliseo Romano.

Recuerda que si le vendes paquetes turísticos a una pareja, le estás vendiendo a nivel simbólico intimidad, remedio y libertad.

Intimidad: porque el viaje es para ellos una suerte de paréntesis donde nadie del entorno habitual tiene voz y presencia. Lejos de todos, la pareja refuerza el vínculo afectivo.

Remedio: porque, con frecuencia, esa estancia en el destino turístico es una oportunidad para superar juntos errores del pasado o curar males como la desconfianza.

Libertad: porque, fuera del lugar de residencia, la pareja vive el anonimato a sus anchas y se permite acometer ciertas travesuras que solo podrían realizarse en el lugar de visita.

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