Machu Picchu y la utopía del turismo basado en lo andino (I)

Foto: Conferencia de PromPerú en Casona de San Marcos

            Foto: Conferencia de PromPerú en Casona de San Marcos

No competimos entre productos turísticos; competimos a nivel de significados que conecten con la mente del turista. Y esto no es mero romanticismo. Una prueba irrefutable de la seriedad de nuestra tesis es que, innegablemente, Machu Picchu tiene un gran valor simbólico, relevante y atractivo, para todos los públicos del orbe; en tanto que la Ruta Moche, con lo fascinante que resulta por sus hermosas playas y sobre todo por su rica reunión de vestigios arqueológicos y museos, y esa cosmovisión tan singular del erotismo plasmada en su cerámica y la recia jerarquía social que estos antiguos peruanos de la costa norte desarrollaron como modus vivendi, todo ese producto turístico no posee la relevancia ni el atractivo que ejerce Machu Picchu como valor simbólico, como significado, como imagen en la mente humana. La Ruta Moche, en la mente de la masa turística del mundo, no significa lo que Machu Picchu. Es incómodo expresarlo de esta manera, pero es la forma idónea para llamar la atención e invocar el sentido común de nuestros profesionales.

Porque, si bien es cierto que hay un trabajo de puesta en valor y  de planificación en la Ruta Moche, como en tantos otros destinos de Perú ajenos al ande, los bienintencionados gestores turísticos y la miríada de consultores en torno a ellos ―cada vez más proliferantes, cada vez más variopintos― no son capaces de comprender ni aceptar que toda Línea Maestra de Desarrollo de Productos Turísticos o toda Metodología de Diseño de Nuevos Destinos servirá de poco ante la fuerza portentosa de lo que es relevante y atractivo para la mente humana.

No hablamos aquí de una inclinación natural del flujo turístico hacia el exotismo andino. Caer en ello sería superficial. No es profesional ni ético subestimar las motivaciones del nuevo consumidor de turismo, tan diferente al del siglo pasado. Buscamos, más bien, remodelar la forma de concebir nuestra propuesta turística como país ante el mundo. Buscamos ser más eficaces en ese sempiterno empeño de desmachupizar el turismo en Perú. Buscamos sentar las bases de un turismo, por fin, descentralizado.

Lo primero que debemos aceptar es la supremacía del componente andino como rasgo turístico de Perú. Aunque esta característica es compartida con otros países de América Latina, es en Perú que cobra mayor importancia a causa del legado Inca, cuya máxima expresión se aprecia en el complejo arquitectónico de Machu Picchu, la ciudad de Cusco y el afamado Valle Sagrado de los Incas. El nivel de posicionamiento del componente andino ―léase como territorio, cultura, pasado y presente― es tan alto que el turismo rural comunitario, la máxima expresión del desarrollo sostenible en el sector de viajes, es también una interesante y pujante oferta en Cusco, Puno y Arequipa para los turistas demandantes de estadías más vivenciales.

El ande en Perú, sobre todo en el sur peruano, convoca a Imperio Inca, a Tahuantinsuyo, a historia milenaria, a riqueza precolombina, a cultura viva, a geografía animada y, si lo quieren formalmente, a un proceso civilizatorio mayúsculo por sus logros y aportes al cabal entendimiento de la evolución humana en América. Contra eso no se puede competir. Contra esa lección presente en todos los documentales y libros de historia universal no se puede competir. Contra su significado y representación mentales no se puede competir. ¿Pecamos acaso de pesimistas?

Hay una oportunidad, por supuesto. Y a riesgo de parecer muy básico, lo diré sin ambages: haríamos bien en apostarle al componente fisiológico. Si el ser humano posee un pensamiento simbólico poderoso, en virtud del cual es capaz de darle un significado a las cosas, no es menos fuerte su condición fisiológica. Notifico: la base biológica del hombre prima sobre cualquier proceso cognitivo, incluso puede direccionarlos.

Sí, estimado lector, estamos pensando en lo mismo: GASTRONOMÍA.

(Continuará…)

Carrera Profesional de Turismo Sostenible en la Universidad Ruiz de Montoya

Mercado Global y Calidad Turística (segunda parte)

Ahora bien, si el cliente de nuestro siglo tiene el poder y es activista en ese universo digital llamado Internet, también acusa una preocupación por el medio ambiente. Recordemos que ahora el cliente busca un viaje responsable de sesgo vivencial. Además de conocer y recrearse, quiere aportar a la localidad que visita: protegiendo el patrimonio cultural y natural, consumiendo productos originarios del destino turístico, respetando usos y costumbres de los naturales del lugar, interactuándo pacíficamente con ellos.

Ésta es una tendencia que va arraigando en los viajeros. No es extraño por eso que el  turismo rural comunitario y el ecoturismo se cuenten entre las dos modalidades que generan mayor interés en los turistas del mundo. Este cliente, que viaja de manera responsable, desea vivir realidades muy diferentes a las de su entorno habitual; o sea, lo que busca es vivir experiencias distintas y a la vez retribuir a la población receptora por permitirle eso.

Una empresa que investigue el mercado turístico no pasará por alto estos signos de interés por un turismo responsable y respetuoso con el medio ambiente (entendido éste más allá de su componente natural, ecológico o verde). Primero, por una razón ética que se sustenta en lograr una integración humana a través del turismo y en afrontar con criterios sostenibles el cambio climático que afecta a toda la humanidad. Segundo, porque es conveniente en términos comerciales interesarse por el medio ambiente, ya que el cliente actual no es sensible al precio a la hora de pagar por una experiencia de calidad, sabe contratar los servicios de empresas turísticas que de veras tengan credenciales de sostenibilidad, se preocupa por seleccionar destinos cuya planificación considere aspectos socio-culturales y se informa bien acerca de la manera en que la empresa se relaciona con la población receptora.

Hablar de sostenibilidad aquí no es gratuito, pues este concepto tiene íntima relación con la calidad en el sector turismo, incluso es una manifestación de ella en la percepción del cliente. Que la empresa, sea un tour operador o restaurante u hotel, ahorre  energía y agua, disminuya y recicle los residuos, trabaje con recursos locales, minimice la contaminación, genere puestos de trabajo a los pobladores, use tecnología de bajo impacto, establezca normas internas o regulaciones ecológicas,  capacite a su personal en temas ambientales y culturales, aplique la ecoeficiencia (producir más, con menos recursos y menores impactos ambientales) y, finalmente,  logré certificarse con sistemas de gestión ambiental e implemente centros de interpretación y concientización en el destino, son todas señales de que se preocupa por el medio ambiente donde realiza sus operaciones; o en otras palabras, son pruebas tangibles de que se interesa por ofrecer calidad  en la experiencia de viaje del nuevo turista.

¿Pero cuántas empresas turísticas ofrecen realmente calidad? ¿Cuántas trabajan con criterios sostenibles a nivel de administración y operación? Un consultor de turismo no podría dar una respuesta certera, aunque sí mencionar algunos pocos casos de empresas peruanas, como Condor Travel y Girasoles Hotel (ésta última ostenta el sello oficial de calidad turística otorgado por  MINCETUR), que son sin duda modelos de gestión en materia de calidad aplicada en el ámbito turístico.

Que el número de empresas turísticas comprometidas con la cultura de la calidad sea escaso, se explica quizá en que la retórica para este tema es tan ampulosa y ambiciosa que cuesta demasiado llevarla a la práctica, al modus operandi del grueso de las organizaciones del sector turismo. Evidentemente, hay una notable y creciente oferta turística que promete calidad. Lo prueba el rubro hotelero en Perú, por ejemplo, que experimenta un franco crecimiento y aglomera hoteles temáticos, hoteles boutique, hoteles saludables, hospedajes rurales, albergues ecológicos, hoteles de lujo y un largo etcétera de tipologías, cada una más innovadora que la otra, y todas con énfasis publicitario en garantizar calidad en el servicio. Hacia el año 2017, según la CANATUR, se invertirán US$ 1.500 millones en construcción de nueva planta hotelera en el país. Surgirán múltiples competidores de toda calificación, pero únicamente sobrevivirán los que ofrezcan calidad en el servicio, aquellos que consigan superar las expectativas del cliente, aquellos que ofrezcan altos niveles de diferenciación en seguridad, limpieza, confort, información, ambientación, imagen, presentación, tecnología, atención y puntualidad.

Cabe señalar, finalmente, que el lujo no es siempre condición para la calidad. Puede haber calidad en establecimientos modestos como un hospedaje rural, donde será sumamente importante la atención a los detalles relativos sobre todo a higiene, decoración, cortesía, autenticidad y seguridad. De esta manera, también, se superará las expectativas del cliente: ofreceremos calidad en la experiencia de viaje.

El Mercado Global y la Calidad Turística (primera parte)

Nuestro mundo globalizado evidencia cuatro tendencias que toda empresa turística debe considerar en materia de calidad, a saber: los Avances Tecnológicos en Informática, el Nuevo Cliente con Poder, Preocupación por el Medio Ambiente y la Creciente Competencia. Estar al tanto de la evolución de cada uno de estos elementos, que pueden entenderse como variables del mercado turístico, es vital para definir objetivos y labores que aseguren eficiencia y eficacia en calidad turística.

En el siglo XXI, con los prodigiosos avances en las tecnologías de la información y la comunicación, es claro para las empresas turísticas que el cliente no sólo posee  la razón o “su razón”. Esta idea —vigente y generalizada durante el siglo anterior, pero limitada e insuficiente a la luz de un análisis más actualizado— ha perdido asidero en la dinámica actual del mercado turístico.

El cliente de nuestros días, más exigente, con mayor manejo de información y con un rico acervo de experiencias de consumo, es plenamente consciente de que tiene el poder. Y aquí  el término “poder” no es una mera abstracción. Lo prueba, por ejemplo, el hecho innegable que hoy el cliente tiene la capacidad, para bien o para mal de la empresa turística, de generar contenido crítico de dispar carácter, que con un clic da la vuelta al mundo en tiempo real. Contenido crítico que puede mellar la imagen y reputación de una empresa, si ésta no ha ofrecido las condiciones de calidad que prometió mediante su promoción.

Esta práctica muy reciente, que evidencia el poder del cliente, la podemos apreciar en un número cada vez mayor de foros online, como TripAdvisor, la página web más visitada por los viajeros de todo el mundo. En ella, además de reseñas de los mismos turistas, se exhiben variedad de comentarios en torno a experiencias de consumo que ofrecen establecimientos del sector hotelero y restaurantero de diferentes latitudes del  planeta. Ha sido tanto el nivel de atención que ha generado TripAdvisor, que esta compañía emite certificados de excelencia, una suerte de distintivos de calidad basados en las apreciaciones de su vasto público, mecanismo que incide a favor de la preferencia de servicios en establecimientos que ostentan dicha distinción. Así ocurre, por ejemplo, en algunos restaurantes de Larcomar.

No es menos importante, por otro lado, el activismo que demuestra el público en las cuentas de Facebook de las empresas turísticas (las llamadas Fan Page), espacios que se han convertido en un excelente muestrario de feedback entre cliente y empresa. Es en Facebook donde  se celebra  todos los días una verdadera democracia de criterios divergentes a la hora de opinar sobre determinado producto o servicio. Por eso, mal haríamos en señalar que esta red social, con 9 años de operación en Internet, sólo sirve como mera plataforma de publicad para la empresa turística. En realidad, con la debida seriedad y audacia, en Facebook se puede medir el pulso de nuestro público y asumir medidas correctivas en todo lo concerniente a la búsqueda de la satisfacción total del cliente.

Es oportuno recordar que, de acuerdo con las previsiones de la Organización Mundial del Turismo (OMT), hacia el año 2020 las llegadas de turistas internacionales cifrarán en 1.600 millones, en tanto que el gasto por razones de turismo se estimará en 2 billones de dólares americanos, lo que representaría 5 500 millones de dólares americanos por gasto diario. Es seguro que la gran mayoría de esos clientes están ahora, en este mismo instante, navegando en Internet desde un teléfono móvil o un ordenador portátil, creando contenido crítico y gráfico, cotejando experiencias, comparando empresas, marcas, precios, promesas de servicio.

(Continuará.)

TURISMO RESPONSABLE Y SOSTENIBLE

Antes de viajar, todo turista debe tener claro algunas premisas en cuanto a cuidar nuestro medio natural así como respetar el medio ambiente que nos rodea.  Y es que para realizar un turismo responsable y sostenible debemos cargar nuestras maletas de hábitos ecológicos.
Todo viajero que se precie debe saber que la naturaleza y todo lo que tiene que ver con el medio natural, siempre se puede ver perjudicado por la llegada de turistas que pueden irrumpir de una forma degradante para el medio ambiente; por ello, ciertos hábitos como el reciclaje, el uso moderado de las energías, la limpieza, así como participar de las costumbres de las comunidades locales, se convierten en principios básicos.
Por ello,  para lograr disfrutar de un turismo ecológico, debemos seguir una serie de consejos útiles:
–        Planifica un viaje sostenible. A través de anuncios gratis online podemos encontrar proveedores  de viajes o compañías que proporcionan paquetes de turismo ecológico. Internet nos facilita el poder comparar precios, compañías y destinos, pero siempre será recomendable contratar a aquellos proveedores que  apuesten por el cuidado del medio natural, de la preservación de la cultura local y humana del lugar de destino.
–        Apuesta por hábitos ecológicos. Para hacer un turismo responsable  es imprescindible comenzar por nuestro propio entorno, es decir, debemos escoger un hotel o apartamentos de alquiler que nos faciliten la posibilidad de reciclar y ahorrar energía. Para movernos por nuestro destino, podemos solicitar el uso de un carro eléctrico en lugar de uno tradicional para evitar la contaminación al entorno.
–        Participa de la cultura local. Hacerse partícipe de las tradiciones y la cultura de las comunidades locales no solo es algo divertido y gratificante, sino que también nos permite colaborar en la economía del lugar. Por ello si quieres comprar el típico souvenir del viaje, opta por comprarlos en las tiendas locales. Encontrarás productos más naturales y artesanales.
–        Minimiza impactos negativos. Debemos intentar mantener intacto el ámbito natural que nos rodea.  Es necesario tener una conciencia ecológica para la conservación del clima o del hábitat en el que nos encontremos.
–        Respeta el entorno animal.  En la línea de lo anterior, un turista nunca debe apropiarse ni de elementos naturales ni animales, ya que no solo es un delito hacerlo, sino que también podría llevar a la desaparición de muchas especies en peligro de extinción. De igual manera, Si por  ejemplo viajamos a reservas naturales, debemos informarnos previamente del ecosistema para no producir un impacto ecológico en el lugar.
–        Modera el uso del agua. El agua es un elemento fundamental en nuestras vidas y mucho más cuando viajamos, pero también debemos cuidar su uso. Cuando viajemos tenemos que controlar no derrochar agua, ducharnos en lugar de bañarnos y siempre cerrar los grifos para que no se desperdicie ni una sola gota. Es recomendable igualmente usar las fuentes de energía naturales.

 

 

Artículo cedido por Liliana Costa.

Las oportunidades del Turismo Religioso

A diferencia de otros sectores de la economía, el turismo no extrae recursos para su venta; el turismo exhibe recursos y crea, en torno a ellos, programas de visitas con contenido.  Bajo esta perspectiva, carece de toda consistencia afirmar que el aporte del turismo sólo se puede medir en términos económicos. En realidad, el aporte que caracteriza y singulariza a la “cultura del encuentro” es, sobre todo, el enriquecimiento espiritual que propicia entre poblaciones receptoras y visitantes. Porque el turismo, aunque no se ciñe necesariamente a un marco pedagógico, es una manera de aprendizaje humano.

Valga esta aseveración para abordar, desde un enfoque de marketing, la que es quizá la mejor forma de vivir esa experiencia de enriquecer el espíritu: el turismo religioso.

El marketing turístico tiene por finalidad darle apertura comercial a recursos naturales y culturales para su óptimo aprovechamiento turístico. Ese propósito se torna muy delicado cuando hablamos de expresiones de la religiosidad. No se trata, es claro, de comercializar burdamente la religión, sino, más bien, de darle un valor a sus elementos simbólicos ancestrales que, sustentados en la fe, conforman la identidad de un colectivo humano. Así pues, podemos decir que una modalidad como el turismo religioso contribuye a entender la identidad de los pueblos. Aquí entran a tallar los criterios sostenibles del turismo, puntualmente en todo lo relativo al respeto de la identidad cultural. A nuestro juicio, es inadmisible que se pueda concebir y desarrollar turismo religioso sin sostenibilidad sociocultural.

Considerando lo anterior, podemos ahora pasar revista al potencial peruano en materia de turismo religioso. Resulta evidente que nuestro país cuenta con buena variedad y cantidad de ventajas comparativas para este tipo de turismo, cada vez más demandado por creyentes y no creyentes, gentes que desean poner en práctica su devoción o gentes que buscan la experiencia de ‘la cultura viva’.

 A continuación, citaremos algunas de nuestras ventajas comparativas por categorías.

1.  Peregrinaciones religiosas

La Virgen de la Candelaria en Puno, El Señor de Ayabaca en Piura, La Mamacha del Camen en Paucartambo, El Señor de Luren en Ica, La Virgen de Chapi en Arequipa, El Señor de los Milagros en Lima, La Virgen de la Puerta en La Libertad, El Señor de Qoyllor Riti, en las alturas de Ocongate, Cusco… son peregrinaciones religiosas que manifiestan colectivamente un gran fervor de fe. Algunas de ellas ya forman parte de itinerarios turísticos, es cierto. Aun así, es conveniente que la ruta de peregrinación esté habilitada con señalización adecuada, que los guías de turismo tengan amplia versación sobre el tema, que el tour operador respete a pie juntillas las fechas de cada acontecimiento y que, si la peregrinación tiene un correlato de celebración (casi siempre ocurre así), se procure un disfrute libre de excesos, sin degenerar en la frivolidad. En esta categoría, cabe incluir a la célebre Semana Santa de Ayacucho como festividad religiosa y a la Fiesta de San Juan en la Amazonía, así como a la larga lista de fiestas patronales, que en Perú se festeja una diferente cada día del año.

2. Rutas de Santos

Éste es un asunto que el marketing turístico parece haber olvidado. Es sabido que ya contamos con rutas de escritores (la de Vargas Llosa, la de José María Arguedas, la de César Vallejo); sin embargo, no hemos despertado a la magnífica posibilidad que significan las rutas de santos. ¿Acaso no hay santos peruanos de renombre universal? San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, la Beata Sor Ana de los Ángeles, la Beata de Humay, Santo Toribio de Mogrovejo (español afincado en el Perú Virreinal) y otros santos están esperando a los creativos del marketing para implementar rutas turísticas que despierten el interés de públicos fieles como los estudiantes e investigadores.

Un caso que vale referir para esta categoría es el programa turístico católico “Recorriendo los Pasos de Juan Pablo II”, cuya demanda en Europa no tiene nada que envidiarle al afamado “Camino de Santiago de Compostela”. Es que en el Viejo Continente han sabido sacar ventaja del renombre universal del papa más carismático de la historia. El programa consiste en visitar los templos y lugares donde Karol Wojtyla ejerció su sacerdocio a lo largo y ancho del mapa europeo.

3. Monumentos Religiosos

Catedrales, santuarios, monasterios, capillas y ermitas son recursos que abundan en nuestras regiones. Incluso en las localidades más alejadas e inhóspitas se pueden hallar iglesias de bella factura arquitectónica, que conservan en su interior obras de arte. Pienso en las iglesias de los pueblos del Valle del Colca, la iglesia de Andahuaylillas y la de Chincheros en Cusco, el Monasterio de Santa Catalina en Arequipa, las 33 iglesias de la ciudad de Ayacucho, las de Barrios Altos en Lima. (Cusco, además, reviste especial importancia por la Escuela Cusqueña, expresión cultural de entraña religiosa que aportó admirables cuadros al arte pictórico nacional.) Para un buen marketing de esta categoría conviene diseñar una estrategia promocional agresiva, dejando de lado esa timidez que hay en los círculos eclesiásticos. De lo contrario, sus iglesias (es decir, su historia y legado) serán desconocidas por el gran público, y eso es precisamente lo que se debe evitar.

Éstas son las oportunidades del turismo religioso, una interesante y enriquecedora modalidad de viaje, que puede ser el motivo central de la visita o el complemento ideal de itinerarios culturales en las grandes urbes modernas o en pintorescos espacios rurales. El punto clave del turismo religioso es, dado su amplio campo en nuestro país, plantear propuestas diferentes y únicas que den relieve siempre a las expresiones de la religiosidad, resaltar a plenitud esos elementos simbólicos ancestrales —expresados en procesiones, ritos, pasacalles, recintos, artes, danzas, colores, sonidos— que sustentan la praxis del credo religioso.

 

BOTANICAL LODGE DE CUMACEBA